La difteria
es una infección altamente contagiosa y potencialmente amenazadora para la vida, causada por una bacteria llamada
Corynebacterium diphtheriae
. El germen produce una toxina que se puede propagar desde el sitio de la infección hasta otros tejidos en el cuerpo. Por lo general, la difteria afecta la garganta y nariz, pero en casos más serios, puede afectar al sistema nervioso y corazón.
La difteria se propaga fácilmente de una persona a otra a través de personas infectadas que tosen o estornudan. La gente cercana respira las gotas infectadas de agua, o en raras ocasiones, está en contacto directo con excreciones de la boca, nariz, garganta, o piel de una persona infectada, donde reside la bacteria.
Debido a un programa generalizado de vacunación que comenzó en la década de 1930, ahora la difteria es poco común en los Estados Unidos. Entre 1980 y 1995, sólo se reportaron 41 casos de difteria a las autoridades de salud de los Estados Unidos. Sin embargo, la difteria aún es frecuente en áreas del mundo en la que viven personas en condiciones de hacinamiento, donde la higiene es mala, y las prácticas de vacunación son esporádicas. En 1993 y 1994, se reportaron más de 50,000 casos durante un grave brote de difteria en países de la antigua Unión Soviética.
Los síntomas de difteria por lo general comienzan de 2 a 4 días después de la exposición. Un médico confirmará el diagnóstico mediante una examinación y cultivo de la garganta.
Los primeros síntomas incluyen:
- Dolor de garganta
- Fiebre
- Inflamación de los nódulos linfáticos y tejido circundante en ambos lados del cuello (conocido como "cuello de toro")
- Dificultad para deglutir o respirar
Los síntomas posteriores pueden incluir:
- Habla marcada
- Malestar respiratorio
-
Señales de
shock
como piel pálida y fría, latidos cardiacos rápidos, y sudoración
La toxina producida por la bacteria puede causar que se forme una capa en la nariz, garganta, o vías respiratorias, la cual es lo que causa dificultad para respirar o deglutir. En casos que se propagan más allá de la garganta, la toxina puede causar daño al corazón o riñones. También puede causar daño nervioso y conllevar a parálisis. Debido a que los casos no tratados pueden ser mortales, es esencial la hospitalización y tratamiento inmediatos sobre el diagnóstico.
El tratamiento consiste principalmente de una antitoxina especialmente derivada de difteria que se administra mediante inyección y antibióticos. Algunos pacientes también pueden necesitar un respirador para ayudarlos a respirar. Después que la antitoxina y antibióticos hayan hecho efecto, los pacientes con difteria necesitarán descanso en cama durante aproximadamente 4-6 semanas, dependiendo de la severidad del caso. Ellos también deberían seguir recibiendo los refuerzos contra difteria debido a que el contraer la enfermedad no garantiza inmunidad de por vida.
La vacuna contra difteria es una toxina inactiva llamada toxoide. Se cultiva al criar la bacteria en un clima líquido donde la toxina entonces se purifica e inactiva.
Aunque está disponible como una sola vacuna, normalmente se administra en combinación con las vacunas contra el
tétanos
y
tos convulsiva
(mejor conocida como tos ferina), juntas conocidas como la vacuna DTaP (para niños) y Tdap (para adolescentes y adultos). En niños que no pueden recibir el componente contra tos ferina de la vacuna DTaP debido a una reacción alérgica u otra reacción adversa, se puede administrar inoculación en combinación con tétanos solo, conocida como la vacuna DT.
Por lo general, se administra la vacuna como una inyección dentro del músculo.
Todos los niños (con unas cuantas excepciones) deberían recibir la vacuna contra difteria, por lo general en forma de una inyección de DTaP. El programa regular de vacunación (para niños y adultos) es de la siguiente manera:
- Vacunas DTaP a los 2, 4, 6 meses, 15-18 meses, y 4-6 años de edad
- Dosis de refuerzo de Tdap (tétanos para adultos, difteria, y tos ferina acelular) administrada a los 11 ó 12 años de edad
- Dosis de refuerzo de Tdap (una vez) y Td cada 10 años a partir de entonces para proporcionar protección continua
Cualquier adulto o niño de siete años de edad y mayor que aún no haya recibido la vacuna contra tétanos y difteria debería recibir una serie de tres dosis de toxoide de tétanos-difteria para adulto (Td). Las primeras dos dosis se deberían separar por 4-8 semanas, y la tercera dosis se debería administrar de 6 a 12 meses después de la segunda dosis. Las dosis de refuerzo de Td deberían continuar cada 10 años.
Nota
: La principal diferencia entre las vacunas para niños y adultos es que la versión pediátrica contiene de 3 a 5 veces la cantidad de toxoide de difteria que la versión para adultos.
El índice de efectividad de la vacuna es de aproximadamente el 95%. Esto significa que el 95% de quienes reciben la vacuna están protegidos adecuadamente contra la infección después de haber sido vacunado según lo recomendado.
La mayoría de las personas la toleran bien, pero algunas veces, la vacuna contra difteria causa leves efectos secundarios como dolor o enrojecimiento en el sitio de la inyección, una fiebre de bajo grado, fatiga, irritabilidad general, falta de apetito, y vómito. Son poco comunes las complicaciones más serias como reacciones alérgicas, llanto por más de tres horas y fiebre elevada. Y los ataques asociados con daño cerebral son extremadamente poco comunes.
Es poco común que un niño no pueda recibir la vacuna contra difteria de manera segura. Hay dos circunstancias en las que los riesgos de la vacuna superan sus beneficios: reacción alérgica severa (anafilaxis) o trastorno cerebral severo (
encefalitis
) que ocurran dentro de un lapso de 7 días después de la vacunación y no tengan otra explicación.
Debido a que la vacuna contra difteria casi siempre se administra en combinación con la de tétanos y tos ferina (como DTaP), puede ser difícil explicar cuál compuesto conllevó a estos efectos adversos. Por lo tanto, bajo las circunstancias, generalmente es más seguro evitar las tres vacunas, aunque muchos niños que se recuperan de encefalitis u otras reacciones adversas graves (vea a continuación) eventualmente pueden recibir una vacuna contra difteria-tétanos (DT) sin incidente. Los niños que desarrollan cualquiera de las siguientes reacciones serias poco después de la vacuna, deberían acudir a su médico acerca de la seguridad de recibir vacunas posteriores:
- Fiebre más alta de 105ºF (40.5ºC)
- Inflamación severa de la extremidad completa usada para la vacunación
-
Colapso de estado similar al
shock
(que no responde con baja presión arterial)
- Llanto persistente e inconsolable que tarda más de tres horas
- Convulsiones, con o sin fiebre, que ocurren en un lapso de tres días
Los niños con enfermedades de moderadas a severas al momento de su vacunación programada deberían posponer la vacunación hasta que se haya resuelto la enfermedad. Sin embargo, los niños con enfermedades respiratorias leves, o quienes desarrollan fiebre de bajo grado o dolor o enrojecimiento locales después de una vacuna DTaP, deberían recibir la vacuna según el programa.
Prevenir la difteria depende completamente de la vacunación y de la pronta respuesta a los brotes.
Es esencial que se reporte oportunamente cada caso sospechado de difteria, para que las autoridades de salud pública puedan determinar rápidamente si ha ocurrido un brote. Una vez que su médico haya diagnosticado un caso de difteria, él lo reportará a las autoridades.
En caso de un brote sospechado o confirmado de difteria, sólo se consideran en riesgo los contactos cercanos. (Es decir, miembros del hogar y otros posiblemente expuestos a secreciones del caso sospechado o confirmado). Los contactos cercanos que hayan recibido menos de tres dosis de la serie de vacunas deberían recibir una dosis inmediata y después completar la serie según lo programado. Los contactos cercanos que hayan completado su serie inicial, pero aún no hayan recibido una dosis en los cinco años previos, deberían recibir una dosis de refuerzo. Además, a todos los contactos cercanos, independientemente de su estado de vacunación contra difteria, se les deberían tomar muestras para cultivo, recibir antibióticos oportunamente, y revisar de cerca durante al menos siete días en busca de evidencia de infección.