April teme el comienzo de los años de la adolescencia de su hija de 11 años de edad más que la mayoría de los padres. La mamá, de Colorado, ha trabajado para contener el temperamento violento de la niña desde que ella sólo tenía tres años de edad.

"Ella es mejor de lo que solía ser," dice April, quien recuerda cuando su hija aventaba los platos de comida con regularidad, golpeaba las mascotas de sus familiares y gritaba groserías cuando tenía berrinches violentos. "Pero todavía tiene estallidos. Ha sido un proceso activo y continuo para ella poder dominar su ira." En el futuro no tan distante, April se preocupa de las presiones sociales así como de las académicas que detonarán estallidos emocionales más serios.

La preocupación sobre la violencia juvenil - más prominente desde los tiroteos mortales en las escuelas en años recientes y ejemplificados por padres como April - llega hasta los hogares de estudiantes de secundaria y preparatoria de todos los antecedentes. Cada año, uno de 12 estudiantes de preparatoria será amenazado, de acuerdo con la American Psychological Association. Los jóvenes entre los 12 y 24 años son los más vulnerables.

Pero los expertos en el desarrollo de los niños y los especialistas en prevención de la violencia están de acuerdo que mientras la conducta típicamente violenta y agresiva reciba más atención cuando los niños lleguen a la adolescencia, sus raíces a menudo pueden ser rastreadas muchos años atrás.

Consciencia Creciente

"La violencia por sí misma es básicamente un conjunto de conductas," explica Donald Nathanson, MD., profesor clínico de psiquiatría en el Jefferson Medical College. Ya que las conductas pueden ser cambiadas, detectar los patrones destructivo en una etapa temprana puede limitar sus efectos a largo plazo.

El Dr. Nathanson agrega que cuando se trata de predecir la conducta violenta en niños, ninguna lista extensa de factores de riesgo puede tomar el lugar de la atención de los padres. Incluso, no es difícil para los padres y cuidadores estar consciente de la amplia gama de influencia, biológica y biográfica, que la investigación ha relacionado con la violencia.

De acuerdo con la National School Safety Center (NSSC), los factores que han demostrado predisponer a los jóvenes a conductas violentas incluyen:

  • Abuso físico pasado y/o abuso sexual
  • Berrinches extremos y el uso de lenguaje ofensivo
  • Conducta intimidatoria, o ser el objeto de las intimidaciones
  • Falta de conexión con la escuela y/o la familia
  • Fascinación con el uso de armas o historial de su uso
  • Problemas de disciplina y/o asistencia en la escuela
  • Asociación con miembros de pandillas o con otros muchachos con problemas de disciplina
  • Crueldad con los animales
  • Fascinación con espectáculos o información violentos
  • Depresión

Haciendo la Diferencia

Los padres y otras personas que eduquen niños a menudo pueden notar problemas con anterioridad y encausar a los niños hacia un futuro positivo y productivo - así como no violento. "Los padres necesitan proporcionar grandes esperanzas, aunque razonables para sus hijos, y las oportunidades y habilidades para llenar estas esperanzas en la familia o en otras áreas de la vida del niño dentro de un contexto de cariño y apoyo," explica Nancy Cunningham, PhD, directora del Center for Safe Urban School Communities. "Es importante para los padres prestar atención."

Los Expertos le Aconsejan Que:

Conozca a su hijo. "Los padres necesitan conocer cuál es el desarrollo apropiado para sus hijos," dice la Dra. Cunningham. Las esperanzas realistas crecen a través de los años.

  • Los niños en edad preescolar son capaces de hacer nuevos amigos y seguir las instrucciones de sus maestros.
  • Los estudiantes de educación primaria pueden empezar a aprender cómo resolver los conflictos pacíficamente.
  • Los estudiantes de secundaria y preparatoria necesitan entender cómo combatir la presión destructiva de sus compañeros. Los padres que permanecen atentos a la vida de sus hijos, que conocen a sus amigos y entienden sus luchas, pueden apoyarlos mejor con cariño y respeto.

Hable con su hijo. "Asegúrese de mantener abiertas líneas de comunicación con su hijo," dice la Dra. Cunningham. Sea claro con sus esperanzas y sus creencias. Recompénselos por una conducta apropiada y dígales la clase de acciones que usted no tolerará.

Escuche a su hijo. "Haga del hogar un lugar en donde los chicos se sientan emocionalmente seguros," dice el Dr. Nathanson. Esto incluye mostrarles que usted está dispuesto a oír ambas noticias; buenas y malas. "No los interrumpa," agrega el Dr, Nathanson. "Es muy importante escuchar lo que tienen que decirle."

Practique lo que predica. Incluso los niños muy pequeños aprenden de las conductas que ven representadas en sus hogares - desde la empatía cuando alguien está lastimado hasta respetar cuando otros están hablando. Mantenga la violencia fuera de su hogar.

Sea consistente. Los niños buscan a sus padres por un sentido de seguridad así como de protección. Los cuidadores que mantienen reglas justas y apropiadas no sólo se ganan el respeto de los niños, sino que ponen ejemplos poderosos sobre las consecuencias del comportamiento - bueno y malo.

Las Conexiones Cuentan

Una y otra vez, la investigación de la violencia juvenil también cita la importancia de que los niños se sientan conectados - al hogar, a la escuela, a los amigos, a la familia. La influencia de los padres puede ayudar. "Sea un buen abogado para sus hijos," dice la Dra. Cunningham. "Condúzcalos hacia actividades positivas."

El Dr. Nathanson sugiere que si los padres ven las peleas de sus hijos, pueden recordar su propia adolescencia. "Es importante decirle a su hijo, 'Esto también pasará. Es horrible por lo que estás pasando.'"

Para April, ayudar a su hija a encontrar la forma de controlar sus tendencias agresivas y mantener las líneas abiertas de la comunicación han hecho la vida familiar mucho menos estresante. "Creo que mi hija estará bien," dice. "Creo que ella aprenderá a dominar su temperamento y funcionar como un adulto productivo."