
La American Heart Association (AHA) publicó por primera vez sus pautas específicas para las mujeres en 1999. Las nuevas pautas toman en cuenta un mejor comprendimiento de la enfermedad y son las primeras en depender solamente de la evidencia clínica. Para lograr esto, la AHA examinó los resultados de cientos de estudios clínicos, luego hizo recomendaciones basándose en la fuerza de la evidencia clínica.
Las pautas agrupan a las mujeres en categorías basándose en su probabilidad de padecer un evento coronario en un lapso de 10 años. Las mujeres fueron clasificadas en riesgo alto, intermedio o bajo. Una mujer en alto riesgo tiene una probabilidad mayor del 20% de experimentar un evento coronario en un lapso de 10 años, un riesgo intermedio en la mujer entre 10% al 20% de probabilidades y una mujer en bajo riesgo tiene menos del 10% de probabilidad. Ciertos padecimientos, tales como
enfermedad de las arterias coronarias
, enfermedad cardiovascular, diabetes mellitus, enfermedad renal crónica o tener un pariente en primer grado con enfermedad cardiovascular, incrementan el riesgo de una mujer. Por supuesto, que los factores individuales también fueron de importancia, pero estas extensas categorías le dieron a los médicos y proveedores de salud un modelo a seguir para ayudar con el diagnóstico del riesgo y de manera más importante a adaptar ese riesgo de acuerdo al tipo y fuerza de las intervenciones clínicas que deberían tomar.
Las pautas de la AHA incluyen sólo aquellas intervenciones clínicas que tienen un efecto directo sobre la prevención de la enfermedad cardíaca. Algunas de estas intervenciones son cambios en el estilo de vida, como incrementar el nivel de ejercicio o consumir una dieta saludable, otras implican controlar los factores de riesgo como la presión arterial y otras son recomendaciones preventivas de medicamentos, como la terapia con aspirina o con betabloqueadores.
Cada intervención se clasifica basándose en la fuerza de su efectividad, el nivel de evidencia disponible para respaldarla y qué tan bien pueden generalizarse los resultados para todas las mujeres.
No es de sorprender, que las mujeres en el grupo de alto riesgo tengan la lista más grande de intervenciones clínicas sugeridas, las cuales se dividen de acuerdo a la clase. Las intervenciones de clase I son aquellas que la evidencia ha demostrado que son efectivas. Estas incluyen:
- Dejar de fumar
- Actividad física
- Terapia de alimentación
- Control o reducción de peso
- Control de la presión arterial
- Control de los lípidos
- Terapia con aspirinas
- Ciertos medicamentos cardíacos
- Control de la diabetes
Un puñado de intervenciones de clase II (aquellas en las que la evidencia sugirió efectividad) también son mencionadas e incluyen:
- tratamiento de la depresión
- complementos de ácido fólico y omega 3
La AHA revisó las puntuaciones de estudios clínicos sobre ejercicio y enfermedad cardíaca. Un estudio, dirigido por el Dr. JoAnn E. Manson y colegas examinó el nivel de ejercicio de 73,743 mujeres posmenopáusicas y comparó la importancia que tiene desde caminar hasta realizar ejercicios vigorosos en la prevención de la enfermedad cardíaca. Lo que descubrieron fue que tanto caminar como realizar ejercicios vigorosos redujo la incidencia de la enfermedad cardíaca, mientras que estar sentado durante mucho tiempo incrementó el riesgo. Este y otros estudios hacen del ejercicio una recomendación de clase I en las pautas.
Las mujeres consideradas en riesgo intermedio tienen del 10% al 20% de probabilidad de un evento coronario dentro del lapso de 10 años. Muchas de las intervenciones recomendadas son las mismas que aquellas para las mujeres en alto riesgo y se centran principalmente en los cambios en su estilo de vida. Las recomendaciones de clase 1 incluyen dejar de fumar, una alimentación saludable para el corazón, lograr un peso saludable, controlar la presión arterial y el control de los lípidos. La terapia con aspirinas es la única recomendación de clase II para este grupo.
La importancia de una alimentación saludable para el corazón también fue confirmada por la exhaustiva investigación de la AHA. En un estudio, Frank B Hu y colegas examinaron el impacto de los ácidos grasos en el riesgo de enfermedad de las arterias coronarias. Los investigadores estudiaron a 80,082 mujeres con edades entre 34 a 59 años durante un periodo de 14 años. Un total de 939 eventos cardíacos de gravedad ocurrieron durante este periodo. Los investigadores descubrieron que el consumo de carnes rojas y productos lácteos altos en grasa incrementó el riesgo de enfermedad cardíaca, mientras que el pescado, las aves y los productos lácteos bajos en grasa estuvieron asociados con un riesgo menor. Este y otros estudios contribuyeron a la evidencia de que una alimentación saludable para el corazón es crucial para la prevención de la enfermedad cardíaca.
Para las mujeres en bajo riesgo, la AHA recomienda dejar de fumar, actividad física, llevar una alimentación saludable para el corazón, mantener un peso saludable y tratar cualquier otro factor de riesgo que pudiera tener de manera individual.
Dejar de fumar es la intervención que encabeza la lista de todos los grupos de riesgo. La correlación entre fumar y el desarrollo de enfermedad cardíaca se ha demostrado en numerosos estudios. Julia A. Critchley y Simon Capewell realizaron una revisión de estudios para determinar qué tipo de reducción de riesgo se lograba cuando se dejaba de fumar. Los investigadores analizaron 665 publicaciones y encontraron una notable reducción del 36% en el riesgo de mortalidad para los pacientes con enfermedad cardíaca que dejaron de fumar. Sus conclusiones también señalaron que dejar de fumar reduce el riesgo de mortalidad entre los pacientes con enfermedad de las arterias coronarias, sin importar el sexo, los eventos cardíacos, la región y el nivel de estudios.
Las nuevas pautas de la AHA dependen de la importancia de la evidencia clínica para determinar que acciones clínicas ayudarán a prevenir la enfermedad cardíaca. La importancia de llevar una alimentación saludable, hacer ejercicio y dejar de fumar no ha cambiado. Lo que ha cambiado es que los médicos y los proveedores de salud han dado ahora un muy exclusivo mapa del camino para evaluar el riesgo de una persona y pueden combatir ese riesgo con las intervenciones probadas, ya sean cambios en su estilo de vida, controlar los factores de riesgo o ciertos medicamentos.
Último revisado Mayo 2004 por Kimberly Rask, MD, PhD
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