La menopausia es una experiencia individual. Algunas mujeres notan pocas diferencias en su cuerpo o estado de ánimo, mientras que otras encuentran el cambio extremadamente molesto y dañino. El estrógeno y la progesterona afectan prácticamente todos los tejidos en el cuerpo, pero todas las personas son influidas por ellos de forma diferente.
Los sofocos, o bochornos, son los síntomas más comunes de la menopausia, afectando a más del 60 por ciento de las mujeres menopáusicas en los E.U. Un bochorno es una repentina sensación de intenso calor en la parte superior del cuerpo o en todo el cuerpo en general. Su cara y cuello se ruborizarán, con manchas rojas que aparecen en el pecho, la espalda y los brazos. Esto viene seguido con frecuencia por sudoración abundante y luego escalofríos conforme la temperatura del cuerpo se reajusta. Una sofocación puede durar de unos momentos a 30 minutos o más.
Los bochornos ocurren esporádicamente y con frecuencia empiezan varios años antes que otras señales de la menopausia. Estos disminuyen gradualmente en frecuencia e intensidad conforme envejece. El ochenta por ciento de todas las mujeres los padecen durante 2 años o menos, mientras que un pequeño porcentaje los tiene durante más de cinco años. Los bochornos pueden suceder en cualquier momento. Estos pueden ser tan ligeros como un leve enrojecimiento o lo suficientemente graves como para despertarla de un sueño profundo. Algunas mujeres incluso desarrollan insomnio. Otras han experimentado que la cafeína, el alcohol, las bebidas calientes, los alimentos picantes y los sucesos estresantes o aterradores algunas veces pueden provocar los bochornos. Sin embargo, evitar estos factores detonantes no necesariamente evitará todos los episodios.
Los bochornos al parecer son el resultado directo de la disminución de los niveles de estrógeno. En respuesta al descenso de los niveles de estrógeno, sus glándulas liberan cantidades más altas de otras hormonas que afectan el termostato del cerebro, provocando que las temperaturas del cuerpo cambien. La terapia hormonal alivia el malestar y los bochornos en la mayoría de los casos.
Con el avance de la edad, las paredes de la vagina se vuelven más delgadas, secas, menos elásticas y más vulnerables a las infecciones. Estos cambios pueden hacer que las relaciones sexuales sean dolorosas o incomodas.
Los tejidos en el tracto urinario también cambian con la edad, algunas veces dejando a las mujeres más susceptibles a la pérdida involuntaria de orina (
incontinencia
), en particular si ciertas enfermedades crónicas o infecciones urinarias están presentes. El ejercicio, toser, reírse, levantar objetos pesados o movimientos similares que pongan presión en la vejiga podrían causar que pequeñas cantidades de orina se filtren. La falta de ejercicio físico regular podría contribuir a este padecimiento. Sin embargo, es importante saber que la incontinencia no es una parte normal del envejecimiento. Más bien, es por lo general un padecimiento tratable que justifica una evaluación médica. Una reciente investigación ha demostrado que el entrenamiento de la vejiga es un tratamiento simple y efectivo para la mayoría de los casos de incontinencia y es menos costoso y más seguro que los medicamentos o la cirugía.
En un lapso de 4 o 5 años después del último periodo menstrual, hay una elevada probabilidad de infecciones vaginales y del tracto urinario. Si aparecen síntomas como dolor o micciones demasiado frecuentes, consulte a su médico. Las infecciones son fácilmente tratadas con antibióticos, pero con frecuencia tienden a aparecer de nuevo. Para ayudar a prevenir estas infecciones, asegúrese que su vejiga no esté llena durante largos periodos de tiempo, consuma muchos líquidos y mantenga su área genital limpia. Las duchas vaginales no están consideradas como algo efectivo para la prevención de infecciones.
Un mito popular representa a las mujeres menopáusicas cambiando de estados de ánimo de enojo y rabia hacia caídas depresivas y de tristeza sin razón o motivo aparente. Sin embargo, un estudio realizado por psicólogos en University of Pittsburgh sugiere que la menopausia no causa cambios de humor impredecibles, depresión o incluso estrés en la mayoría de las mujeres.
De hecho, la menopausia podría incluso mejorar su salud mental. No es necesariamente una experiencia negativa. El estudio de Pittsburgh observó a tres diferentes grupos de mujeres: Menstruando, menopáusicas sin tratamiento y menopáusicas bajo terapia hormonal. El estudio mostró que las mujeres menopáusicas no padecieron de mayor ansiedad, depresión, enojo, nerviosismo o sentimientos de estrés que el grupo de mujeres menstruando en el mismo rango de edad. Aunque fueron reportados más bochornos en las mujeres menopáusicas que no estaban tomando hormonas, sorprendentemente ellas tenían mejor salud mental en general que los otros dos grupos. Las mujeres que tomaron hormonas se preocuparon más por sus cuerpos y estuvieron un poco más deprimidas. Sin embargo, esto podría ser causado por las mismas hormonas.
También es posible en primer lugar que las mujeres que tomaron hormonas de manera voluntaria tiendan a ser más conscientes de sus cuerpos. La advertencia de los investigadores es que su estudio incluyó sólo mujeres saludables, así que los resultados podrían aplicar sólo para este tipo de mujeres. Otros estudios muestran que las mujeres que ya están tomando hormonas y que experimentan problemas de comportamiento o en el estado de ánimo algunas veces responden bien a un cambio en la dosis o el tipo de estrógeno.
Los descubrimientos en el estudio de Pittsburgh son apoyados por un estudio del New England Research Institute, el cual encontró que las mujeres menopáusicas no estaban más deprimidas que la población en general. Aproximadamente el 10 por ciento está ocasionalmente deprimidas y el 5 por ciento están constantemente deprimidas. La excepción son las mujeres que se someten a menopausia quirúrgica. Su nivel de depresión se registra al doble que el de las mujeres que tienen una menopausia natural. Estudios indican que las mujeres en edad fértil, en particular aquellas con niños pequeños en el hogar, tienden a reportar más problemas emocionales que las mujeres de otras edades.
Los estudios también han indicado que muchos casos de depresión se relacionan más al estrés de la vida o a las "crisis de la edad mediana" que a la menopausia. Las funciones de la familia son con frecuencia alteradas. Los niños crecen y se van de la casa, ya no "necesitan más a mamá." Las relaciones de apoyo social podrían cambiar debido a un divorcio. Los padres, cónyuges u otros parientes cercanos podrían morir. Muchas personas están intentando salir adelante con su propio envejecimiento y/o enfermedades físicas. Las personas responden de muy diferentes formas al estrés y la crisis. La respuesta de sus mejores amigos podrían ser negativa, dejándolas susceptibles al estrés emocional y la depresión, pero mientras su actitud sea positiva, provocará que alcancen sus objetivos. Para muchas mujeres, esta etapa de la vida puede ser de hecho un periodo de enorme libertad.
Para algunas mujeres, la menopausia lleva a una disminución en la actividad sexual. La reducción en los niveles hormonales provoca ligeros cambios en los tejidos genitales. Se piensa que esto está relacionado a una disminución en el apetito sexual. Los bajos niveles de estrógenos disminuyen el suministro de sangre a la vagina y a los nervios y glándulas que la rodean. Esto hace que los delicados tejidos se adelgacen, se sequen y sean menos capaces de producir secreciones para lubricar confortablemente antes y durante la relación sexual. Sin embargo, evitar el sexo no es necesario. Las cremas de estrógeno y el estrógeno oral pueden restaurar las secreciones y la elasticidad de los tejidos. Los lubricantes solubles en agua también pueden ayudar.
Aunque los cambios en la producción hormonal sean señalados como la principal razón para los cambios en el comportamiento sexual, muchos otros factores interpersonales, psicológicos y culturales también pueden influir. Por ejemplo, un estudio sueco descubrió que muchas mujeres utilizan la menopausia como una excusa para dejar de tener sexo después de muchos años de desinterés. Sin embargo, muchos médicos cuestionan si la disminución en el interés es la causa o el resultado de relaciones sexuales menos frecuentes.
De hecho, algunas mujeres se sienten liberadas después de la menopausia y reportan un incremento en el apetito sexual. Ellas dicen que se sienten aliviadas de que embarazarse ya no sea una preocupación.
Para las mujeres en la etapa de perimenopausia, el control natal es un tema confuso. Los médicos recomiendan a todas las mujeres que han menstruado, incluso si es de forma irregular, en el transcurso del último año a que continúen utilizando métodos anticonceptivos. Desafortunadamente, las opciones anticonceptivas son limitadas. Los anticonceptivos orales e implantables de base hormonal son riesgosos en mujeres de edad avanzada que fuman. Sólo hay disponibles unas cuantas marcas de IUD en el mercado. Las otras opciones son métodos de barrera -diafragmas, condones y esponjas- o métodos que requieren cirugía como la ligadura de trompas.
Preocupaciones Acerca del Interés de la Pareja
Algunos hombres pasan por sus propios momentos de duda durante la mediana edad. Ellos, también, con frecuencia reportan una disminución en la actividad sexual después de los 50 años de edad. Podría tomarles más tiempo alcanzar una eyaculación o podrían no ser capaces de alcanzarla en lo absoluto. Muchos temen que van a fracasar sexualmente conforme envejezcan. Recuerde, los problemas sexuales pueden surgir a cualquier edad si existen dudas acerca del desempeño. Si ambos miembros de la pareja están bien informados acerca de los cambios en los genitales, cada uno puede ser más comprensible y tomar consideraciones en lugar de pedir cosas imposibles. Una comunicación sincera y abierta entre las parejas es importante para asegurar una exitosa vida sexual a los setenta y ochenta años de edad.
Otros síntomas de la menopausia incluyen dolor en las articulaciones, insomnio, despertarse temprano, sudoración nocturna, dificultad para concentrarse o recordar cosas, dolores de cabeza y síntomas asociados con el síndrome premenstrual.