Transfusión sanguínea

Una transfusión sanguínea normalmente, es una intervención inmediata en situaciones de anemia aguda pero se puede continuar en intervalos regulares durante un largo período. Al recibir sangre de un donador, incrementa la capacidad de la sangre para transportar oxígeno. Es importante destacar que rara vez se requiere de una transfusión sanguínea para el tratamiento de la anemia.

Durante una transfusión, se coloca una aguja dentro de sus venas. La sangre contenida en una bolsa se cuelga en un poste cercano y su contenido gotea lentamente, de manera intravenosa (a través de la vena) dentro del torrente sanguíneo. A lo largo de la transfusión, se revisa regularmente su temperatura, ritmo cardíaco, respiración y presión sanguínea y se le pregunta si siente dolor, comezón o incomodidad de cualquier tipo. Este monitoreo es más cuidadoso durante los primeros 15 minutos de la transfusión, dado que la mayoría de las reacciones ocurren dentro de la misma. Una vez que la bolsa que contiene la sangre esté vacía, se retira la aguja de su brazo.