La tragedia del 11 de septiembre del 2001 fue traumática para todos nosotros. Y ahora la guerra provoca ansiedades adicionales, aunque no estemos en el campo de batalla. Para nuestro hijos, estos traumáticos eventos y las emociones que están sintiendo pueden ser confusas también. El National Institute of Mental Health ofrece las siguientes recomendaciones para ayudar a los niños a salir adelante durante estos tiempos difíciles.
El trauma psiquiátrico o el daño emocional, es esencialmente una respuesta normal hacia un evento extremo. Esto implica la creación emocional de memorias con respecto al estresante evento que son almacenadas en estructuras profundas del interior del cerebro. En general, se cree que entre más directa sea la exposición al evento traumático, mayor será el riesgo de un daño emocional. Pero inclusive una exposición no directa a la violencia puede ser traumática. Por esta razón, todos los niños y adolescentes expuestos a la violencia o al desastre incluso si es sólo a través de los reportes de medios gráficos, deben ser observados para buscar señales de estrés emocional.
Las reacciones al trauma pueden aparecer inmediatamente después del evento traumático o incluso días o semanas después. Algunos jovencitos son más vulnerables al trauma que otros, por razones que los científicos no comprenden del todo. La pérdida de la confianza en los adultos y el miedo de que el evento ocurra nuevamente son respuestas vistas en muchos niños y adolescentes que han estado expuestos a eventos traumáticos. Otras reacciones varían con respecto a la edad:
Para los niños de 5 años de edad o menores,
las reacciones típicas pueden incluir un miedo a la separación de los padres, llanto, gritos, quejidos, inmovilidad y/o movimientos involuntarios, temblores, expresiones faciales de miedo y aferramiento excesivo. Los padres podrían también notar a los niños regresando a comportamientos exhibidos en etapas de edad anteriores (estos son llamadas comportamientos regresivos), tales como chuparse el dedo, mojar la cama y miedo a la oscuridad. Los niños en este grupo de edad tienden a ser fuertemente afectados por las reacciones de sus padres al evento traumático.
Los niños de 6 a 11 años de edad
pueden mostrar extremo aislamiento, comportamiento perjudicial y/o inhabilidad para poner atención. También son comunes los comportamientos regresivos como las pesadillas, los problemas para dormir, miedos irracionales, irritabilidad, rechazo para ir a la escuela, arrebatos de ira y peleas, en los niños traumatizados a esta edad. Además el niño se puede quejar de dolores de estómago u otros síntomas corporales que no tienen fundamento médico. Los trabajos escolares a menudo se ven afectados. También están por lo general presentes los sentimientos de culpabilidad y adormecimiento emocional o "depresión."
Los adolescentes de 12 a 17 años de edad
pueden exhibir respuestas similares a las de los adultos, incluyendo regresiones, pesadillas, adormecimiento emocional, rechazo a cualquier cosa que le recuerde el evento traumático, depresión, abuso de sustancias, problemas con sus semejantes y comportamiento antisocial. También son comunes el aislamiento y la desolación, malestares físicos, pensamientos suicidas, rechazo a asistir a la escuela, disminución académica, problemas del sueño y confusión. El adolescente puede sentirse extremadamente culpable por su incapacidad para prevenir la lesión o pérdida de la vida y puede abrigar fantasías de venganza que interfieren con la recuperación del trauma.
La intervención a tiempo para ayudar a niños y adolescentes que han sufrido trauma por violencia o un desastre es esencial. Los padres, maestros y profesionales en salud mental pueden llegar a un gran acuerdo para ayudar a estos jovencitos a recuperarse.
Después de que la violencia o el desastre ocurre, la familia es la primera linea para la obtención de ayuda, Entre las cosas que los padres y otros tutores adultos pueden hacer están:
- Explicar el episodio de violencia o desastre tanto como sea capaz.
- Exhorte a los niños a que expresen sus sentimientos y a escuchar sin hacer condenas. Ayude a los niños más pequeños a aprender a utilizar palabras que expresen sus sentimientos. Sin embargo, no fuerce la discusión del evento traumático.
- Deje saber a los niños y adolescentes que es normal sentirse triste después de que algo malo pasa.
- Deles tiempo a los niños para experimentar y hablar acerca de sus sentimientos. Sin embargo en casa, un retorno gradual a la rutina puede ser tranquilizante para el niño.
- Si su hijo está temeroso, tranquilícelo diciéndole que lo ama y que lo cuidará. Permanezcan juntos como familia lo más que se pueda.
- Si el comportamiento a la hora de dormir es un problema, dele al niño un poco más de tiempo y de tranquilidad. Déjelo dormir con una luz en su cuarto por un tiempo limitado si es necesario.
- Asegure a los niños y adolescentes que el evento traumático no fue su culpa.
- No critique el comportamiento regresivo o avergüence al niño con palabras como "bebecito."
- Deje al niño llorar o estar triste. No espere que sean valientes o fuertes.
- Exhorte a los niños y adolescentes a sentirse en control. Déjelos tomar algunas decisiones sobre los alimentos, qué ropa usar, etc.
- Cuídese usted mismo para que pueda cuidar a los niños.
- La sobre exposición a los medios cubriendo los eventos de la guerra, la violencia y el terrorismo, pueden ser dañinos para los niños de todas las edades. Es por eso que debe limitar la exposición de estos a los medios que transmiten estos eventos inquietantes.
Cuando la violencia o el desastre afecta a una escuela entera o comunidad, los maestros y directores de la escuela pueden jugar un papel muy importante en el proceso de recuperación. Algunas de las cosas que los educadores pueden hacer son:
- Si es posible, dése un poco de tiempo para dar con los términos del evento antes de que intente tranquilizar a los niños. Esto podría no ser posible en el caso de que un episodio violento ocurra en la escuela, pero alguna veces en un desastre natural habrá varios días antes de que se vuelva a reabrir la escuela y los maestros se pueden tomar el tiempo de prepararse emocionalmente ellos mismos.
- No trate de acelerar el retorno a las rutinas escolares demasiado rápido. Dé a los niños o adolescentes tiempo para hablar sobre el evento traumático y expresar sus sentimientos al respecto.
- Respecto a las preferencias de los niños que no quieren participar en discusiones de la clase sobre el evento traumático. No los fuerce a la discusión y no mencione el evento catastrófico repetitivamente; haciendo esto podría volver a traumatizar al niño.
- Quédese en las sesiones escolares con la clase entera, con pequeños grupos de estudiantes o con estudiantes de forma individual. Estas sesiones pueden ser de mucha ayuda al permitir a los estudiantes saber que sus miedos y preocupaciones son reacciones normales. Muchos condados y escuelas de distrito tienen equipos que van a las escuelas para realizar estas sesiones después de algún desastre o episodio de violencia. Incluya si es posible, profesionales en salud mental en estas actividades.
- Ofrezca terapia artística y de juegos para los niños pequeños en la escuela.
- Sea sensible con las diferencias culturales entre los niños. En algunas culturas, por ejemplo, no es aceptable expresar emociones negativas. También, un niño que se niega a hacer contacto visual con un maestro puede ser que no esté deprimido, sino simplemente estar exhibiendo un comportamiento adecuado a su cultura.
- Exhorte a los niños a desarrollar habilidades para salir adelante y resolver problemas y métodos conforme a la edad para controlar la ansiedad.
- Realice juntas para los padres para platicar sobre el evento traumático, la respuesta de sus hijos a éste y sobre cómo los puede ayudar. Incluya si es posible, profesionales en salud mental en estas actividades.
La mayoría de los niños y adolescentes, si se les da apoyo tal como se describe arriba, se recuperarán casi por completo del miedo y la ansiedad provocados por la experiencia traumática en unas semanas. Sin embargo, algunos niños y adolescentes necesitarán de más ayuda durante periodos más largos de tiempo para recuperarse. La pena por la pérdida de un ser querido, un maestro, o una mascota puede llevar meses de recuperación y puede despertarse por factores que recuerden el evento como los medios o el aniversario de la muerte.
En las secuelas inmediatas del evento traumático y en las siguientes semanas, es importante identificar a los niños que estén con mayor necesidad de apoyo intensivo y terapia por una profunda pena o alguna otra emoción extrema. Los niños y adolescentes que puedan requerir de ayuda de algún profesional en salud mental incluyen aquellos que muestran comportamiento de aislamiento, tales como resistirse o rechazar ir a lugares que les recuerden el lugar donde ocurrió el evento traumático, adormecimiento emocional y disminución en las respuestas emocionales o falta de sentimientos después del evento. Los niños que tienen reacciones más comunes incluyendo volver a experimentar el trauma o revivirlo en forma de pesadillas y recuerdos inquietantes durante el día, y sobre exaltación incluyendo trastornos del sueño y tendencia a espantarse con facilidad, pueden responder bien al apoyo tranquilizador de los padres y los maestros.
Adaptado de "Helping Children and Adolescents Cope with Violence and Disasters,"