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Las rabietas temperamentales con frecuencia están asociadas con los "terribles dos," pero raramente empiezan en el segundo aniversario de un niño y terminan en el tercero. Algunos niños nunca tienen una rabieta temperamental, mientras que otros aún las siguen teniendo a las edad de cuarenta y cinco.
Los padres tienen una oportunidad de enseñarles las maneras apropiadas de sobrellevar y a expresar la
ira
cuando sus hijos todavía son pequeños. Su respuesta a la ira de su hijo durante estos años de formación influirá mucho en su habilidad para controlar sus emociones conforme sigue enfrentándose a los retos de la vida.
La ira es una emoción normal que experimentamos durante nuestras vidas. El objetivo es no eliminar la ira sino aprender maneras saludables de sobrellevarla y expresar esta emoción. Un niño con frecuencia empieza a expresar su enojo momentos después de que entra al mundo. Con un chillido de alta frecuencia, puños apretados y una cara enrojecida le deja saber que no está feliz con la idea de adaptarse a este mundo. Conforme va entrando a los años de empezar a caminar, puede usar sus rabietas temperamentales para expresar su ira conforme trabaja desesperadamente en establecer su individualidad e independencia. Los niños de preescolar apelan a su vocabulario para expresar su ira con arrebatos tales como "ya no eres más mi amigo" o "te odio." Aunque estas experiencias no son agradables, son una parte normal del desarrollo durante los primeros años. La experiencia de su hijo con la ira durante los primeros cinco o seis años de vida influenciará considerablemente su habilidad en el futuro para controlarla de una forma adecuada. Sin importar la causa, si la expresión de enojo del niño es inapropiada o destructiva hacia otras personas o propiedades, debe ser atendida. - Encontrando Su Camino
- Una de las causas más comunes del enojo comienza a temprana edad y continúa durante la edad adulta - no conseguimos lo que queremos. Esto se agrava, cuando los niños (y algunas veces los adultos) están muy cansados o muy estimulados. Ellos simplemente no tienen la energía para demostrar control sobre cómo expresan sus emociones.
- Límites Inciertos
- Otra causa común de la ira para un niño es no estar seguro de sus límites. Es normal y saludable para los niños probar los límites que se les permite tener. Ellos hacen esto pasa ver si dichos límites son reales y confiables. Como padre usted demuestra honradez al atenerse a los límites. Ceder muestra a los niños que el comportamiento de prueba que ellos imponen, es una manera exitosa de salirse con la suya. Con límites bien definidos, los niños pueden ejercer su libertad e independencia al hacer elecciones dentro de ellos. Los niños no son propensos a pedir que se les impongan las reglas, pero éstas proporcionan orden y seguridad a su descontrolado mundo. Claro que es muy importante que las reglas que usted imponga sean justas y consistentes.
- Atención
- Algunos niños utilizan la ira como método para llamar la atención. Todos los niños necesitan atención, pero algunos la necesitan más que otros y se enfurecerán hasta que la reciban. Una vez que descubren que este método genera una respuesta, ellos seguirán usándola, incluso si la atención es negativa.
- Temperamento
- El temperamento de un niño puede provocarle una pequeña rabieta. Ellos pueden estar felizmente jugando un minuto y al siguiente estar gritando por una mínima provocación. Son fáciles de irritar, fáciles de frustrar y reaccionan de manera impulsiva.
- Ira por Ejemplo
- Los niños aprenden los valores y comportamiento que ven demostrados. Numerosos estudios han confirmado una relación entre la exposición del niño a la ira incontrolada del hogar, los medios y la comunidad, con un comportamiento agresivo y algunas veces violento. Cuando los niños ven a los adultos ventilar su ira de maneras destructivas, es muy probable que hagan lo mismo.
- Problemas Familiares
- Las circunstancias que están fuera del control del niño, como el divorcio de los padres, la muerte de un ser querido, la pobreza, la enfermedad o el abuso físico o sexual, pueden causar un profundo arraigo de ira, que se manifestará de diversas formas.
Usted puede enseñar a su hijo formas apropiadas y aceptables para expresar la ira. Expresar los sentimientos y resolver los problemas son habilidades que todos los niños requieren para llevarse bien con el mundo. - Modelo Controlado de Comportamiento
-
La mejor manera de enseñar a su hijo las formas apropiadas para controlar la ira es servir de modelo con su propia vida. ¿Qué es lo que sus hijos ven cuando se enfrenta a problemas,
conflictos
y
al estrés?
Verbalizar su propia ira de una forma controlada ayuda a los niños a asociar las emociones con el autocontrol. Por ejemplo, en lugar de gritarle a la computadora cuando no funciona, intente lo siguiente: "Estoy enfadado de que la computadora no esté haciendo lo que yo quiero que haga."
- Proporcione Orientación
- Cuando su hijo esté teniendo un arrebato de ira, tranquilamente hágale saber lo que necesita hacer para tener el control. Por ejemplo, "Yo creo que estás enojado porque no podemos salir a jugar, pero no puedo dejar que muestres tu ira pateando la pared. En lugar de eso me puedes decir qué tan enojado estás."
- Imponga Límites
- Comience con poner límites a temprana edad y refuércelas constantemente. Los niños necesitan indicaciones claras, de la consecuencia lógica de sus acciones. Enseñe a su hijo que las expresiones inapropiadas de ira como las rabietas temperamentales, el comportamiento destructivo o los comentarios de odio no le darán lo que quiere. Muéstrele que el comportamiento negativo no quita la frustración, lo excusa de su responsabilidad o cambia las expectativa.
- Permanezca Firme
- No importa qué tan vergonzante o estresante pueda ser, no se rinda con el comportamiento negativo. Es sorprendente que tan rápido aprende un niño que un arrebato de ira puede presionar a sus padres hacia la sumisión o distraerlos de sus preocupaciones originales. Por ejemplo, un niño puede tener una rabieta ya que su madre le dijo que recogiera sus juguetes. Como resultado, ella lo manda a su cuarto. Mientras él está ahí, ella decide continuar y recoger los juguetes. De esta manera, el niño aprende que una rabieta le evitó el recoger sus juguetes. Una respuesta más apropiada hubiera sido enviarlo a su cuarto hasta que estuviera dispuesto a recoger sus juguetes y luego elogiarlo generosamente cuando los juguetes estén recogidos.
- Modere la Influencia de los Medios
- Protéjalos lo más que se pueda de las poderosas influencias como las de la televisión, los videojuegos, las películas y la música que muestran una ira incontrolable. Los medios a menudo muestran a los niños que lastimar a otros no tiene consecuencias y que la única manera de resolver un conflicto es con la violencia. Esto le enseña a los niños que la violencia es una inaceptable manera de expresar la ira. Hable con ellos acerca de por qué la violencia no es aceptable.
- Recompence la Cooperación y el Buen Comportamiento
- Si un niño a establecido el hábito de obtener lo que quiere por medio de las rabietas, tal vez necesite incentivos tangibles para cambiar su comportamiento. Elógielos cuando resuelvan un desacuerdo sin recurrir a una "fusión."
- Busque Ayuda Profesional
- Si su niño continua mostrando señales de ira intensa enojándose, reaccionando de manera impulsiva y demostrando comportamiento destructivo, pida una evaluación extensa por parte de un profesional en salud mental. Los objetivos comunes del tratamiento incluyen control de la ira, responsabilidad por las acciones y aceptación de las consecuencias. Es muy común para los profesionales tratar también con los problemas familiares, escolares y de los amigos.
Último revisado Enero 2003 por Lawrence Frisch, MD La información aquí suministrada complementa la atención recibida por su médico. De ninguna forma intenta sustituir el consejo de un professional medico. LLAME A SU MEDICO DE INMEDIATO SI PIENSA QUE PODRIA TENER UNA EMERGENCIA. Siempre busque consejo médico antes de comenzar un nuevo tratamiento o si tiene preguntas sobre una condición médica. Copyright © EBSCO Publishing. All rights reserved.
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